Texturas, propiocepción y alimentación infantil
- Natalia Garza

- hace 16 minutos
- 3 Min. de lectura
Por qué algunos alimentos se aceptan y otros no
Si tu peque acepta ciertos alimentos pero rechaza otros con una intensidad que parece desproporcionada —arcadas, náuseas, llanto o evitación total— no siempre estamos hablando de “gusto” o de una etapa caprichosa. Muchas veces, detrás del rechazo alimentario hay una experiencia sensorial que el cuerpo no logra organizar bien.
En este post vamos a hablar de texturas, propiocepción y su papel clave en la alimentación infantil, especialmente en niños con selectividad alimentaria, hipersensibilidad oral o inmadurez motora.
La alimentación es una experiencia sensorial completa
*Leer más en el post "La alimentación también es uns experiencia sensorial"
Comer no es solo masticar y tragar. Para un niño, manejar un alimento es su boca implica:
Percibir la textura del alimento (blando, duro, viscoso, crujiente).
Regular la fuerza con la que muerde y mastica.
Coordinar lengua, labios y mandíbula.
Organizar la información que llega desde la boca al cerebro.
Todo esto ocurre en segundos y de manera automática… cuando los sistemas sensorial y motor están bien integrados.
Cuando no lo está, ciertos alimentos pueden ser experimentados por el peque como impredecibles, invasivos o incluso amenazantes.
Entendamos qué es la propiocepción y qué tiene que ver con comer
La propiocepción es el sentido que informa al cerebro sobre la posición, el movimiento y la fuerza de nuestro cuerpo. En la alimentación, la propiocepción oral nos permite:
Saber dónde está el alimento dentro de la boca.
Regular cuánta fuerza usar al morder o masticar.
Sentir estabilidad en mandíbula, mejillas y lengua.
Manejar el alimento dentro de la boca.
Saber cuándo es momento de tragarlo y coordinar los músculos para hacerlo.
Así mismo, nos informa si un alimento es duro, crujiente o suave, a través de la resistencia que el alimento ofrece al ser procesado.
Cuando el procesamiento de esta información es pobre o ineficiente (como cuando hay inmadurez de los patrones motores orales), el niño puede sentirse inseguro al comer, especialmente con alimentos que cambian de textura o requieren más control motor.
Por qué algunas texturas se aceptan y otras no
No es casualidad que muchos niños selectivos acepten:
Alimentos crujientes y secos (galletas, tostadas, snacks).
Texturas homogéneas y predecibles.
Y rechacen:
Texturas mixtas (sopa con trozos, yogur con fruta).
Alimentos viscosos o pegajosos.
Carnes, frutas fibrosas o alimentos que requieren masticación sostenida.
Las texturas crujientes ofrecen más información propioceptiva: al morder, el cuerpo recibe una señal clara, intensa y organizada. Esto da seguridad.
En cambio, las texturas blandas o cambiantes requieren mayor control sensorial y motor. Si el sistema no está listo, el rechazo aparece como una forma de protección.
Rechazo alimentario no es mala conducta
Es importante decirlo con claridad:
Cuando un alimento provoca arcadas, exceso de saliva o náuseas, hablamos de una respuesta sensorial automática, no de una decisión consciente. *Sin embargo, el desarrollo del procesamiento cognitivo ayuda a reforzar o reducir ese rechazo, pero de eso hablaremos en otro post.
Forzar, coersionar o presionar suele aumentar la aversión porque el cuerpo asocia la experiencia con peligro.
Cómo apoyar la alimentación desde la propiocepción (sin usar comida)
Antes de pedirle al sistema que tolere nuevas texturas en la boca, podemos fortalecer la base sensorial desde otras experiencias:
Juegos de empujar, jalar, cargar peso.
Actividades de presión profunda (abrazos firmes, enrollarse en cobijas).
Juego motor grueso que involucre brazos, tronco y mandíbula, como trepar, escalar, hacer carretillas, lanzar/patear pelotas, bailar y cantar exagerando la gesticulación de la boca.
Masajes orales externos (mejillas, mandíbula) si el niño los tolera.
Estas experiencias ayudan al sistema nervioso a organizar mejor la información propioceptiva, lo que indirectamente mejora la tolerancia oral.
Comer mejor no empieza en el plato
La aceptación de alimentos no se construye solo sentando al niño frente a algo nuevo.
Se construye cuando el cuerpo se siente seguro, organizado y capaz de anticipar lo que va a pasar.
Entender el rol de la propiocepción nos permite dejar de ver la alimentación como una lucha y empezar a abordarla como un proceso de desarrollo.
Si te interesa profundizar en cómo preparar el cuerpo antes de trabajar la alimentación, en próximos recursos hablaremos de actividades específicas, señales de madurez sensorial y cuándo buscar acompañamiento profesional.



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