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Regulación emocional en niños: cómo ayudarles a comprender y manejar sus emociones

hace 11 minutos
7 min de lectura
Rostro dividido por papel rasgado: mitad en sombra y mitad iluminada, con expresión de sorpresa sobre fondo blanco.

Las emociones forman parte de nuestra vida todos los días. Aparecen cuando algo nos gusta, cuando algo nos preocupa, cuando tenemos miedo, cuando nos sentimos frustrados o cuando vivimos una situación que nos sorprende.

Pero sentir una emoción no significa automáticamente saber qué nos está comunicando, ni qué podemos hacer con ella.

Un niño puede sentir mucho enojo y todavía no saber cómo expresarlo sin gritar o golpear; puede sentir miedo y no saber cómo pedir ayuda; o sentirse triste y necesitar que un adulto le ayude a entender qué está pasando. Esto es parte del desarrollo.


La regulación emocional es la capacidad de reconocer y manejar nuestras emociones de una manera que nos permita responder a lo que ocurre. Nos ayuda a decidir nuestras acciones, en lugar de actuar únicamente desde el impulso del momento, pero sin intentar controlar lo que sentimos ni necesariamente racionalizarlo todo.


Regular una emoción significa, poco a poco, aprender a reconocer lo que estamos sintiendo, comprenderlo y encontrar formas adecuadas de expresarlo y actuar frente a ello.

Y esta capacidad no aparece de un día para otro.


La regulación emocional en niños se construye a lo largo del desarrollo.

Durante los primeros años de vida, el cerebro y las habilidades necesarias para manejar las emociones todavía están madurando.

Por eso, esperar que un niño pequeño pueda regularse de la misma manera que un adulto, puede llevarnos a exigirle una habilidad que todavía está desarrollando.

Al principio, los niños necesitan de los adultos para regularse. Un bebé necesita que alguien lo calme cuando está incómodo, cansado o asustado. Conforme crece, comienza a desarrollar sus propias estrategias para manejar lo que siente.

Esto ocurre mediante experiencias repetidas y consistentes: un adulto que acompaña, pone palabras a lo que sucede, establece límites, ofrece seguridad y enseña diferentes maneras de responder.

Con el tiempo, muchas de esas herramientas que inicialmente proporciona el adulto pueden convertirse en recursos que el niño utiliza por sí mismo.


La regulación emocional forma parte de la inteligencia emocional

La inteligencia emocional se refiere a un conjunto de habilidades que nos permiten percibir, comprender y utilizar la información emocional para orientar nuestra conducta y relacionarnos con otras personas. La regulación emocional es una de sus dimensiones, pero no la única.

Estas habilidades incluyen:

  • Percibir las emociones: identificar lo que sentimos y reconocer señales emocionales en otras personas.

  • Comprender las emociones: relacionar las emociones con las situaciones, pensamientos y necesidades que las originan.

  • Regular las emociones: modular su intensidad y expresarlas de manera adecuada, sin negar lo que sentimos.

  • Utilizar la información emocional: tomar decisiones, resolver problemas y adaptarnos a distintas situaciones.

  • Relacionarnos con los demás: comunicarnos, mostrar empatía y afrontar los conflictos de manera asertiva.

La investigación actual relaciona estas competencias con un mejor ajuste psicológico, relaciones sociales positivas y un mayor bienestar. Sin embargo, no son rasgos fijos ni aparecen de forma automática. Se desarrollan progresivamente mediante la maduración, las experiencias y las relaciones de apoyo, y a su vez pueden modificarse a lo largo de la vida.

En la infancia, estas habilidades todavía están en construcción. Por eso, los niños necesitan que los adultos pongan palabras a lo que ocurre, modelen estrategias de regulación y les ofrezcan oportunidades seguras para practicar.


La regulación emocional en la vida diaria

Las emociones nos proporcionan información sobre lo que ocurre a nuestro alrededor y también sobre lo que sucede en nuestro interior.

Regular una emoción requiere equilibrio: no se trata de actuar de inmediato siguiendo el impulso, ni de bloquear o negar lo que sentimos. Consiste en escuchar esa señal, comprender qué nos comunica y aprender a expresarla y canalizarla de manera funcional. Desde esta perspectiva, el niño aprende gradualmente a responder de forma adaptativa y a encontrar un balance entre lo que desea, lo que la realidad permite y los límites necesarios para convivir con los demás.

Este proceso se construye poco a poco y aparece en pequeños retos cotidianos. Por ejemplo, un niño puede:

  • esperar su turno para jugar, aunque tenga muchas ganas de participar;

  • perder en un juego y tolerar la decepción;

  • recibir un “no” y expresar su desacuerdo sin lastimar a otros;

  • dejar de jugar para bañarse o ir a dormir;

  • expresar su euforia sin afectar a otros;

  • frustrarse porque una actividad no le sale como esperaba y pedir ayuda;

  • sentir miedo ante una situación nueva y buscar seguridad en un adulto;

  • resolver un conflicto con otro niño usando palabras;

  • adaptarse a un cambio inesperado en sus planes;

  • separarse de su cuidador durante un momento breve;

  • probar una comida nueva, visitar un lugar desconocido o enfrentarse a una experiencia diferente

En cada una de estas situaciones aparecen emociones que cumplen una función. La regulación emocional ayuda al niño a reconocer esas señales, tolerar el malestar, expresar sus necesidades y elegir una respuesta adecuada a lo que está ocurriendo.

Esto no significa que un niño que recibe acompañamiento nunca haga berrinches, llore o reaccione impulsivamente. Esas expresiones seguirán apareciendo, especialmente cuando la emoción es intensa o las habilidades todavía están en desarrollo. La diferencia es que, con el tiempo y el acompañamiento, puede ir aprendiendo qué le ocurre, qué necesita y qué puede hacer con lo que siente.


Para aprender a regular las emociones, primero necesitamos conocerlas

Antes de enseñar a un niño diferentes estrategias sobre qué hacer con sus emociones, necesitamos ayudarlo a conocerlas.

Pero ¿qué es exactamente una emoción?

Una emoción es una respuesta que aparece ante algo que sucede dentro o fuera de nosotros. Puede surgir ante una situación, un pensamiento, un recuerdo o un estímulo, y prepara a nuestro organismo para responder.

Las emociones cumplen una función. No existen emociones “buenas” y “malas”: incluso aquellas que pueden resultar incómodas tienen algo que comunicarnos y pueden ayudarnos a responder ante diferentes situaciones.

Por ejemplo, el miedo puede ayudarnos a identificar un peligro; el enojo puede aparecer cuando sentimos que algo es injusto o cuando nuestros límites han sido sobrepasados; y la tristeza puede acompañarnos cuando perdemos algo importante.


Emociones, sentimientos y sensaciones: no son lo mismo

Aunque en la vida cotidiana solemos utilizar estas palabras como si fueran sinónimos, emociones, sentimientos y sensaciones no son exactamente lo mismo.

Una emoción es una respuesta que aparece ante una situación, estímulo o experiencia. Puede generar cambios en nuestro cuerpo y prepararnos para actuar.

Un sentimiento es la experiencia consciente y subjetiva que tenemos de lo que estamos viviendo emocionalmente. Es decir, podemos reconocer y poner en palabras lo que sentimos.

Por otro lado, las sensaciones son las percepciones que tenemos de nuestro cuerpo o de nuestro entorno: calor, frío, presión, cosquillas, dolor, tensión, cansancio, hambre, entre muchas otras.

Pueden estar relacionadas, pero no significan lo mismo.

Por ejemplo, un niño puede sentir miedo ante un perro que se acerca corriendo. Como parte de esa respuesta puede experimentar sensaciones corporales como que su corazón late más rápido, que tiene tensión en los músculos o que siente un “nudo” en el estómago. Después puede identificar y expresar el sentimiento asociado diciendo: “Tengo miedo”.

Distinguir estos conceptos ayuda a que los niños comiencen a comprender mejor lo que ocurre dentro de ellos.


Emociones básicas

Existen diferentes modelos para clasificar las emociones. Uno de los más utilizados en el trabajo con niños parte de emociones básicas como:


😊 Alegría

Puede aparecer cuando vivimos algo agradable, conseguimos algo que queríamos o compartimos momentos positivos. Nos impulsa a acercarnos y disfrutar.


😨 Miedo

Nos ayuda a identificar posibles peligros y prepararnos para protegernos o buscar ayuda.


😡 Enojo

Puede aparecer cuando percibimos una injusticia, un obstáculo o una situación que nos molesta. Puede impulsarnos a defender nuestros límites o intentar cambiar lo que ocurre.


😢 Tristeza

Puede aparecer ante una pérdida, una separación, una decepción o una situación dolorosa. Puede ayudarnos a procesar lo ocurrido y buscar apoyo.


😮 Sorpresa

Aparece ante algo inesperado. Nos ayuda a detenernos y prestar atención para comprender qué está sucediendo.


🤢 Disgusto

Nos ayuda a alejarnos de aquello que percibimos como desagradable, dañino o que queremos evitar.


Conocer estas emociones es uno de los primeros pasos para que un niño pueda comenzar a identificarlas y comprender para qué existen.

Y no necesitamos empezar con explicaciones complicadas.

Podemos hacerlo mediante cuentos, juegos, conversaciones cotidianas y materiales visuales que hagan que hablar de las emociones sea algo sencillo y natural.


Una actividad para comenzar: tarjetas de emociones

Una forma sencilla de introducir las emociones en casa es utilizar tarjetas de emociones.

Para los niños, especialmente entre los 4 y 8 años, puede ser más fácil comenzar con una representación visual y una explicación breve que puedan relacionar con situaciones de su vida cotidiana.

Por eso creamos un material con seis emociones básicas: alegría, miedo, enojo, tristeza, sorpresa y disgusto.


Cada tarjeta presenta el nombre de la emoción y una explicación sencilla sobre qué es y para qué puede servir.

La intención no es que el niño tenga que memorizar las definiciones ni que aprenda a identificar inmediatamente qué emoción está sintiendo.

El objetivo inicial es mucho más sencillo: comenzar a construir un lenguaje para hablar sobre las emociones.

Puedes mostrar una tarjeta, leer juntos la descripción y conversar sobre ella. No es necesario hacerlo con todas las emociones el mismo día.

Lo importante es crear oportunidades para que el niño descubra que las emociones existen, que tienen una función y que todas las personas las experimentamos.


Descarga gratuita: tarjetas de emociones para niños

Estas tarjetas las puedes utilizar en casa como un primer recurso para acercarte al mundo de las emociones con tu hijo.




Puedes imprimirlas, recortarlas y utilizarlas durante pequeños momentos de conversación o juego.

Es mucho más fácil aprender sobre ellas cuando estamos tranquilos.

Hablar de las emociones en momentos cotidianos ayuda a construir poco a poco las herramientas que los niños necesitarán cuando aparezcan situaciones más difíciles.


Recuerda: la regulación emocional se aprende con acompañamiento

Aprender a regular las emociones es un proceso que comienza desde los primeros años y continúa durante toda la vida.

Los niños no nacen sabiendo qué hacer con lo que sienten. Primero necesitan que los adultos les ayudemos a comprender sus experiencias, ponerles palabras, ofrecerles seguridad y mostrarles diferentes maneras de responder.

Con el tiempo, esas experiencias se convierten en herramientas propias.

Por eso, cuando un niño tiene una reacción emocional intensa, podemos intentar cambiar la pregunta de “¿por qué no se puede controlar?” por una más útil:

“¿Qué habilidad necesita aprender y cómo puedo ayudarle a desarrollarla?”

La regulación emocional no busca que los niños dejen de sentir. Busca que aprendan, poco a poco, a entender lo que sienten y a encontrar maneras adecuadas de expresarlo y manejarlo.

Y ese aprendizaje comienza con algo tan sencillo como poder decir:

“Esto que siento tiene un nombre.”

 
 
 

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